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Caipora: el guardián de los bosques

La selva tropical de la Amazonia alberga a una criatura capaz de liderar a todas las demás, un ser que protege al bosque de aquellos que intenten dañarlo, un Caipora: el guardián de los bosques.

Diferentes grupos de pueblos indígenas en Argentina, Paraguay, Bolivia, Uruguay y sobre todo Brasil; hablan sobre esta criatura, la cual tratan como una deidad que está a cargo de los grandes bosques y junglas del Amazonas. Los Guaraníes y los Tupíes, son los antiguos indígenas que desde sus inicios conocen a esta criatura con forma humana.

Generalmente describen a esta criatura con la forma de un humano grande y fuerte, con un pelaje grueso y largo, una cabeza semejante a la de un zorro, y de entre todas sus peculiaridades resalta que sus pies están al revés. En la mayoría de los relatos este ser se traslada montado en el lomo de un cerdo montés, y viaja con la compañía de otras bestias. Y siempre lleva consigo un cigarro de tabaco.

En otros relatos, se le conoce como Padremont o Curupira, estos coinciden con la característica de los pies al revés pero su figura se asemeja más a la de un ogro con piel verdosa, cara monstruosa con grandes colmillos y un pelaje naranja; en otras versiones aparece en forma de un niño de color negro con un pelaje de color “llameante”. Y sus intenciones hacia las personas que se adentren al bosque, dependerán de las acciones que tomen estas con la naturaleza.

Para muchos este ser representa el terror del bosque, un espíritu o demonio que no dudará en devorar a quien entre en su territorio. Pero en su mayoría, las culturas indígenas lo definen como un guardián, que juzgará la vida del ser humano: si es bueno y respetuoso con la naturaleza lo dejará escapar e incluso recompensará con bondades del bosque; pero si no… cobrará su vida a cambio.

Una de las leyendas más conocidas, habla sobre dos leñadores que vivían cerca del bosque y se dedicaban a producir carbón para la aldea donde vivían. Uno elegía las ramas más bajas y secas de los árboles para hacer su carbón, el otro derribaba árboles enteros para conseguir la mayor cantidad de leña posible.

Un día, el leñador bondadoso tuvo que ir solo al bosque porque su compañero se había enfermado. Todo iba normal en su día, hasta que se adentro lo suficiente al bosque, para poder ver como una manada conformada por distintas bestias se acercaba a donde él estaba. De pronto, vio que todos esos animales seguían a uno por delante, un cerdo montés de enorme tamaño y sobre él a una criatura mitad bestia mitad hombre de pelaje color rojo. Impactado, el hombre quedó paralizado de miedo y aunque estaba dispuesto a correr para salir del bosque, sus piernas no se lo permitieron.

La criatura y las bestias se detuvieron justo frente a él, anonadado con los ojos saltándole de la cara, pudo escuchar unas palabras de la criatura, la cual con una voz seca y rasposa preguntó “¿Tienes tabaco?” a lo que el leñador rápidamente sacó unas hojas de tabaco de su morral y las extendió para que la criatura las tomara con sus manos peludas. Sin decir nada la criatura tomó las hojas, se quedó viendo al leñador fijamente y cambio de rumbo. Después de un rato y salir del estado de shock, extrañamente el leñador se sintió lo suficientemente seguro y confiado para seguir cortando madera. Cuando volvió al pueblo pudo notar que la madera que había recogido era de una tonalidad diferente, se trataba de una madera preciosa a lo que pudo venderla en el pueblo a un buen precio hasta que no tuviera más.

Después de contarle la historia a su compañero, el otro leñador, no pudo creer lo que había sucedido. Entonces este lleno su morral con hojas de tabaco y se dirigió directo a las profundidades del bosque. No paso mucho tiempo para que pudiera ver a la manada de bestias dirigiéndose a él, al ver esta señal comenzó a gritar “Ten bestia! tengo tabaco! ahora dame de esa madre preciosa también”; sin hacer caso alguno, la criatura se acercó al hombre y con una gran fuerza lo levanto del torso, y de un golpe lo volteó… el cuerpo del leñador cayó al suelo aún unido. La criatura sin más, desapareció del lugar.

 

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